Tres países, un mismo corazón



Bienvenidos a Corazón entre Fronteras.

Aquí, las fronteras cambian, pero las historias permanecen.

Cada historia ha sido escrita por quien la vivió. 

Gracias por estar aquí.

CORAZÓN ENTRE FRONTERAS

Tres países, un mismo corazón

Episodio 1: El día que decidí marcharme


Mi historia comienza en diciembre de 2008. Tenía 19 años cuando tomé una de las decisiones más difíciles y valientes de mi vida: dejar Nicaragua para emigrar a España.

Mi mamá no estaba de acuerdo. Decía que era una locura. Que estaba dejando atrás todo lo que conocía para perseguir algo incierto. Mi papá, en cambio, creyó en mí. Fue él quien me ayudó con el dinero que necesitaba para viajar.

En aquel momento me sentía estancada. Buscaba trabajo y no encontraba oportunidades. Estudiaba en la universidad, pero solo podía asistir los domingos y sentía que no avanzaba.

Vivía en la capital, en casa de una tía, hasta que una noche todo cambió. El esposo de mi tía discutió con ella y, como una forma de hacerle daño, decidió echarme de la casa. Yo no tenía nada que ver con aquella pelea, pero fui quien terminó pagando las consecuencias.

Recuerdo sentirme perdida.

Por esos días tenía una amiga de mi pueblo que estaba viajando a España. Hablábamos por teléfono y le conté que también soñaba con emigrar. Ella me animó y me dijo que me ayudaría a encontrar trabajo.

Y así fue como tomé un avión rumbo a España.

Llegué al aeropuerto de Barajas, en Madrid. Recuerdo perfectamente las preguntas de inmigración: a dónde iba, cuánto dinero llevaba y dónde me hospedaría.

La verdad es que llevaba poco dinero y ni siquiera tenía una reserva de hotel.

Hasta hoy sigo creyendo que fue Dios quien abrió aquel camino para mí.

Después viajé a Valencia.

Hacía muchísimo frío.

Yo venía con ropa ligera y sandalias. Nadie me esperaba. Nadie me recibió.

Solo estaba yo, una maleta y una ciudad completamente desconocida.

Los primeros días fueron difíciles. Conseguí una habitación en casa de un joven ecuatoriano. Yo era una muchacha muy joven y tenía miedo.

Todas las noches colocaba mi maleta detrás de la puerta de la habitación para sentirme más segura.

Un día entré a una iglesia buscando orientación.

Allí conocí a una mujer que cambió mi destino.

Le pregunté si sabía de algún trabajo y me habló de unas monjas que ayudaban a jóvenes inmigrantes. Me acompañó personalmente hasta la residencia y me ayudó a solicitar una cita.

Cuando terminé el trámite salí para agradecerle.

Pero ya no estaba.

Nunca más la volví a ver.

Hasta el día de hoy sigo creyendo que Dios la puso en mi camino cuando más la necesitaba.

Dos semanas después me recibió la superiora de la residencia. Escuchó mi historia y me ofreció quedarme a vivir con ellas mientras me ayudaban a encontrar trabajo.

Aquel día sentí que el cielo me estaba respondiendo.

Tenía una habitación limpia, comida, seguridad y personas que se preocupaban por mí.

Sin saberlo, estaba comenzando una de las etapas más importantes de mi vida.

Y aunque todavía no tenía trabajo, por primera vez desde que llegué a España sentí que no estaba sola.

Hay historias que terminan cuando se cuentan...

Y hay otras que apenas comienzan.

Esta es una de ellas.

Gracias por acompañarnos en este primer episodio de Corazón entre Fronteras.

En el próximo episodio descubriremos cómo unas personas desconocidas terminaron convirtiéndose en la familia que ella nunca imaginó encontrar tan lejos de casa.

Soy Asalia... y esto es Corazón entre Fronteras.

Gracias por cruzar esta frontera con nosotros.

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